
Una vez a la semana, en la mansión circular se celebraban fiestas donde asistían las personas mas distinguidas de la ciudad. No existían las invitaciones, ni se daban a público conocimiento las fechas de las celebraciones, pero en las noches indicadas y a la hora exacta, estaban presentes quienes debían estar. Había una sola calle de acceso a la mansión y tenía una extensión de 15 kilómetros, trayecto que usualmente era transitado por dos o tres autos al servicio de la fiesta que trasladaba a los invitados hasta el portal de la mansión. Donde eran recibidos personalmente por los anfitriones; un matrimonio, sin hijos, apellidado Trinho. Los Trinho procuraban agasajar a sus invitados con algunos cócteles y danzas a orillas del río a cargo de bailarines locales previamente secuestrados por algunos funcionarios y amenazados para ofrecer ese tipo de entretenimiento. La comida y el alcohol siempre eran abundantes y las fiestas duraban entre seis y ocho horas en promedio, ya que poco antes de la salida del sol, todos emprendían el regreso a sus hogares. Se comía mucho y muy bien, pero sobre todo, se bebía demasiado.
Sin embargo, como suele suceder con todas las celebraciones, se fue desprestigiando progresivamente el nivel de los asistentes. Quienes proveían un halo de distinción a las fiestas, con el correr del tiempo, fueron dejando de asistir. Y en su reemplazo, comenzaron a participar seres cada vez más vulgares y deleznables. Los Trinho -en una primera instancia- parecían estar de acuerdo con el desprestigio de sus celebraciones, y para enfatizarlo, decidieron abolir las danzas nocturnas y en su reemplazo contratar prostitutas, que durante las primeras semanas realizaban bailes eróticos para los enfervorizados asistentes. Pero incluso este rol se desprestigió rápidamente y con el correr de las semanas, en la mansión circular no se celebraban más que multitudinarias orgías. Cuando comenzó a suceder esto, los Trinho -en un rapto de sensatez- intentaron suspender las celebraciones, pero ya era demasiado tarde. Las celebraciones eran del pueblo y ellos ya no tenían poder de decisión. Los Trinho habían lanzado la primera piedra y sin desearlo, con ese lanzamiento apenas inocente, habían logrado despertar a un gigante adormecido; la voluntad popular, deseosa de celebraciones prohibidas. La frecuencia de las fiestas dejo de ser semanal y pasó a ser diaria. Todas las noches se acercaban centenares de hombres en busca de alcohol y mujeres. Y cuanto menor era el número de prostitutas asistentes, mayor era el nivel de violencia de las orgías. Incluso algunas disputas se dirimían violentamente a golpes de puño entre hombres ebrios y desnudos que reclamaban sus turnos para ciertas actividades. No se sabe si alguien les pagaba a las prostitutas, pero la cuestión es que seguían asistiendo religiosamente al lugar todas las noches.
Fue durante una noche estrellada del mes de Marzo cuando comenzó el final. Alrededor de las 2 de la madrugada, los Trinho fueron sorprendidos en su alcoba y asesinados a manos de un grupo de hombres ebrios que participaban de la celebración. Esa noche se calcula que había cerca de ochocientos hombres presentes y la mansión fue tomada definitivamente por estos ocasionales asistentes. La noticia del asesinato de los Trinho corrió rápidamente por la mansión y casi de forma instantánea un numeroso grupo de hombres se dirigió hasta la carretera, talaron los pinos más antiguos y los dejaron caer sobre el camino, impidiendo la entrada y salida de cualquier vehículo. Desde esa noche, quedaron aislados de la ciudad y nadie regresó a sus hogares, todos decidieron abandonar a sus familias y quedarse ahí por siempre. Decisión que fue espontánea, pero no pudo haber sido únicamente producto de la embriaguez momentánea, ya que fue ratificada con meses de permanencia en el lugar. Seguramente algo los movilizaba a no regresar; algo había en la mansión, y en ese estilo de vida salvaje y primitiva que no les proporcionaba la comodidad de la ciudad y sus hogares con chimeneas. Esa noche, también había cerca de media docena de prostitutas en la casa, las cuales fueron tomadas como prisioneras y esclavas sexuales. Las prostitutas fueron tratadas salvajemente y debido a los malos tratos que recibían fueron muriendo una a una con el correr de los meses. A las dos semanas de estar en la mansión, los ocupantes descubrieron en el subsuelo un enorme deposito con miles de botellas de ginebra, que les sirvió de aprovisionamiento hasta el fin de la barbarie. Tomaban ginebra y comían pescados crudos que obtenían del río al que tenían acceso inmediato.
Como se imaginarán, este modo de vida no podía durar mucho, se presume que vivieron así entre ocho y diez meses, ya que los hombres ante el deterioro físico de las prostitutas, y quizá también por tratarse siempre de las mismas, habían perdido su deseo sexual. Solo se dedicaban a beber, durante el día y la noche, incluso se fueron olvidando de pescar y murieron de hambre. Hoy en el lugar sólo quedan algunas cenizas de los cadáveres de los antiguos ocupantes y miles de botellas vacías desperdigadas por toda la mansión y la costa. Cerca de mil hombres tomaron la decisión de cambiar el rumbo de sus vidas grises y optaron por una muerte altruista. Se dice que al tercer mes de la toma de la casa, durante una noche que amagaba con tormentas eléctricas, una de las prostitutas, en estado agonizante luego de una salvaje golpiza, fue arrojada al río por un grupo de hombres desde el balcón de la mansión. Algunos pescadores nocturnos y otros ebrios empedernidos –que casi siempre suelen ser las mismas personas– aseguran que por las noches, cerca de la mansión abandonada, se puede escuchar el canto de una sirena que entona estrofas evocando un pasado oscuro y distante.
May
29
Trackback


El canto de la sirena, para recordar aquello que no debe volver a ocurrir.
Besos.
Todo lo que dice el texto existe y las sirenas también, lo puedo demostrar, saludos grandes
No puedo dejar de relacionar los extremos: hogares demasiado perfectos = descontrol criminal fuera del hogar. Todo lo reprimido estalla.
Me gustó mucho.
Me gustó el cuento. Lindo relato del apogeo y decadencia de un tiempo que podría haber sido cualquiera en la historia.
Por qué circular la mansión?
Creo que lo más oscuro de tu historia, amigo Facundo, es que, desde luego, puede ser una realidad en una sociedad que ha desarrollado el más terrible potencial de cometer las barbaries más atroces. Además, tu relato no deja de impresionar por plantear la oportunidad de reflexionar sobre nuestro comportamiento común, en lo deshumanizados que resultamos en la unión de humanidad… Me ha gustado leerlo pensando.
…
Abrazos serenos, éstos sí
Las mansiones y las orgias estan hechas las unas para las otras…lástima que yo nunca estuve en ninguna de las dos…
Buen relato, yo incluiria al narrador como participe de los hechos y unico sobreviviente, para poder justificar el conocimiento tan puntilloso de los mismos, como qué lo sucedió a los dueños, a qué hora y la historía posterior de la sirena…(lo siento, soy un hinchapelotas, lo sé)
Un abrazo Facundo, y disculpame el etrevimiento de haberme entrometido
Laluz: La mansión es circular, eso es todo; o quizá pretendo que eso sea todo y nada más.
Fogel: No está mal eso de incluir al narrador como participe de los hechos.
Gracias Cecy, Doc, Gilda y Raquel por los comentarios.